jueves, 4 de octubre de 2012

La seguridad vial también es tema del político

SOS - desde "Salta la linda" uno se ve obligado a reflexionar sobre la (NO-) Seguridad Vial -

Maravillosa ciudad en un valle andino, clima insospechado, cercania de parajes patrimonio de la humanidad, auténtico folklore tradicional en fiestas de los pueblos del Valle de Lerma .. y y y nunca acabaría de describir sus atractivos.
Pero no hay paraiso sin serpiente, y en Salta, ésta es el caos aterrador desencadenado por los conductores. No se respeta la derecha, ni los pasos de cebra, ni nada -- un amigo nombrado director de seguridad vial organizó hace poco cursos para la policía: para que aprendan ellos mismos que el tráfico debe seguir ciertas reglas, y para que aprendieran a imponer sanciones, algo tan inusitado acá... y sólo la mitad de los responsables de los municipios estuvieron dispuestos a regular el tráfico, la otra mitad no, y posiblemente por su peso en el PJ (partido en el poder), destituyeron rápidamente a mi amigo.
Y todos, pero sobre todo ancianos, madres con niños, discapacitados, tienen que jugarse la vida, en esta ruleta rusa del tránsito rodado que (no) organiza el intendente Miguel Isa.
Pero es general: en Argentina, mueren al día 21 personas en estos atropellos y choques por total falta de control o sanciones (aunque ahora en las rutas o autopistas que circunvalan Salta empieza a funcionar algún que otro radar, pero bien indicado para que el automovilista no tenga en ESE PUNTO tentación de correr).
Un aspecto positivo: al que tenga problemas en su país por leyes que dificulten la muerte digna, le recomiendo pasarse unos días de turismo en la comarca y el día que ya decida terminar simplemente cruzar la calle por un paso de cebra - a la velocidad que manejan, la agonía será muy corta. Y ahora, en serio, invito a reflexionar sobre el problema "Seguridad Vial", sobre todo en estos países latinoamericanos, donde la proporción de víctimas en relación al número de vehículos supera a veces más del mil por cien a las cifras europeas -y eso en rutas que en el viejo mundo parecerían casi desiertas. Algún responsable politico manifestó hace años en la provincia de Santa Fe, Argentina, que sería recomendable introducir algún sistema de carnet con puntos que se irían perdiendo según las infracciones o delitos cometidos. Pero los partidos, en el poder o en la oposición, no tienen interés alguno por estas iniciativas. Sobre todo en un gobierno que muchos tildan de "populista" como el de la Sra Cristina Fernandez de Kirchner, tales medidas parecen poco "populares". El automovilista cuando sube a su vehículo parece convertirse en un caballero con armadura deseoso de jugar con la vida de otros o la propia en la palestra de las calles, autopistas y otras rutas. La vida cuenta mucho menos que la satisfacción provocada por la adrenalina que descargan nuestras glándulas en situación de peligro. Curiosamente, los mismos que defienden la libertad (de matar) del automovilista se oponen a cualquier regulación legal de la interrupción del embarazo incluso en casos de violación. Pero dejemos para otro lugar la discusión ética, hay una consideración mucho más clara: la económica. Cuando en el tsunami de la deregulación neoliberal iniciada por Thatcher/Reagan se planteó en USA la cuestión de elevar el límite de velocidad (60 millas en casi todas las autopistas), el presidente pidió un dictamen a expertos en economía. Resultó que aparte de los daños materiales (vehículos, zonas contiguas a las rutas etc.) había que considerar el coste de cada vida perdida. Como además los accidentes graves se concentran en la franja de los 18 a los 25 años, había que calcular el coste de oportunidad (es decir, suma de las ganancias perdidas a consecuencia de tal evento) provocado. Las compañías de seguros evaluaban hace ya más de diez años el coste total por una vida perdida en más de un millón de dólares. En el gobierno de un país como Argentina podría pensarse (esto quizá sea más grave que pesificar los dólares) en que con más de siete mil muertos anuales - y añadiríamos otro coste similar por los heridos de larga duración o con secuelas por vida, como los parapléjicos provocados por el deporte de la moto - el coste total supera los diez mil millones US $. Por asi decirlo es una obviedad afirmar que reducir drásticamente el número de víctimas de la carretera es una prioridad política. No hay que innovar nada para iniciar una política de seguridad vial, la reducción de esas cifras negras de muertos en países como Francia primero y luego España fue posible gracias, en primer lugar a una modificación legal en que se reclasificaba como delito lo que antes era considerado sólo como infracción, lo que conlleva no sólo pago de multas o retirada del carnet, sino también, cuando hay heridos o muertos, la misma cárcel si el evento se ha debido a una decisión del automovilista por su imprudencia temeraria o por voluntad de quebrantar las reglas de tráfico que buscan en primer lugar la seguridad de las personas. Está confirmado por la estadística el importante dato de que los porcentajes de accidentes están en correlación inversa al nivel educacional de un país. Por ello, la educación vial debe comenzar desde la escuela primaria. La supresión total de los accidentes de tráfico debe ser el objetivo de toda política vial. En países como Suecia, el objetivo es llegar al CERO accidentes. Para ello se han tomado medidas no sólo legales sino también físicas como es separar los dos carriles de una carretera (no autopista) por cables, cadenas o muretes con lo que se evita la tan frecuente colisión frontal entre un vehículo que intenta adelantar a otro y el que viene en sentido contrario. Esta medida ralentiza evidentemente el tráfico, pero se complementa instando de vez en cuando carriles complementarios de adelantamiento. Más simple es la limitación de velocidades máximas, como se hace hace tiempo en Estados Unidos, en los paises escandinavos o en Holanda. La frecuencia de accidentes se incrementa en proporción a esa velocidad máxima, son datos irrebatibles en la experiencia en países con muchos millones de participantes en el tráfico urbano e interurbano. Dadas las condiciones actuales de un vehículo a motor puede decirse que con una limitación a 30 km/h se logra prácticamente eliminar el accidente urbano con muertos o heridos graves. La resistencia a la adopción de una política de seguridad vial tiene claras raíces psicológicas (que a su vez se justifican subjetivamente en una ideología de la libertad individual o similares sofismas). Las organizaciones de automovilistas normalmente se oponen frontalmente a estas medidas pues creen así representar mejor el "interés" de sus socios. Pero eso es una falacia: representan probablemente el deseo consciente de muchos, pero no su interés real, pues ellos mismos pueden ser víctimas de esa mentalidad todavía no superada en que el valor de la velocidad es situado más alto que el valor de la vida.

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